Los cuerpos fueron hallados en un terreno baldío cercano a las vías del Tren Roca, en Bosques. Se supo que no tuvieron posibilidad de defenderse. En la investigación hay pruebas que fueron descartadas, hipótesis fallidas y muchas dudas.

Los crímenes de los adolescentes siguen sin obtener justicia.
Un año se cumple hoy del doble crimen de Paloma Gallardo y Josué Salvatierra, los adolescentes de 16 y 14 años fueron brutalmente asesinados en Florencio Varela. Eran novios y se conocían del colegio y las calles de Bosques. como nadie.
La causa, que tramita en la UFIyJ N°1 descentralizada de Varela, continúa caratulada como doble homicidio agravado criminis causa. Sin embargo, puertas adentro, los investigadores admiten que el móvil no está claro y que las primeras hipótesis se agotaron sin resultados. Hoy, la investigación avanza con cautela, pero no tiene detenidos, por lo que continúa impune.
Paloma tenía 16 años e integraba una familia muy estructurados y relacionada con el ámbito pastoral. Sus padres, Omar Gallardo y Alicia Pita, conducen un programa radial relacionado con la religión. Josué tenía 14 y era hijo de padres trabajadores y conocidos en el barrio por ser personas humildes
El 30 de enero de 2025 ambos se dirigieron presuntamente a un gimnasio del barrio, pero sus teléfonos se apagaron y dejaron de funcionar, por lo que sus familiares, al llegar la noche y notar que no volvían, hicieron una denuncia en la comisaría 4ta de Bosques y empezó un operativo intenso para encontrarlos.

Los padres de Paloma en programa radial religioso.
El 1 de febrero, a las 18.30, la policía hallo los cuerpos entre los pastizales y al costado de una piedra, dos días después, en un terreno baldío cercano a las vías del Tren Roca, donde las víctimas no tuvieron posibilidad de defenderse y habrían sido asesinados con un objeto «contundente». Se supo que los crímenes ocurrieron el mismo día de sus desapariciones.
Las autopsias revelaron que Paloma falleció a causa de una “lesión cerebral” provocada por una “fractura de cráneo” y un “traumatismo encéfalo craneal grave”, mientras que Josué murió como consecuencia de una “hemorragia cerebral”, también con “fractura de cráneo” y “traumatismo encéfalo craneal grave”.
El único apresado fue Gonzalo López, un joven que vive en la ciudad rionegrina de General Roca, por portar un celular similar al de Josué que poseía el mismo número de IMEI.
«Mediante un estudio se determinó que eran dos teléfonos distintos», afirmaron fuentes del caso al tiempo que los celulares se activaron al mismo tiempo en dos lugares distintos.

La madre y la hermana, Julieta Salvatierra de Josue.
El dispositivo de Josué se activó en febrero después de su muerte, mientras que el teléfono de López hizo lo propio en el mismo mes.

El papá de Josue, una familia humilde y querida en el barrio.
A su vez, señalaron que el muchacho que recuperó la libertad compró el celular hace más de un año por Marketplace (Facebook), pero después se le rompió y lo llevó a un técnico para que lo arregle, por lo que usó el otro teléfono. Además, era el titular de la línea». En tanto, «Josué usaba un celular que le prestaba su padre», añadió la fuente.
La causa se encuentra caratulada como «homicidio crimis causa», un delito que consiste en matar para ocultar otro ilícito y que percibe una pena de prisión perpetua.
Sin embargo, a un año, no hay personas arrestadas por los asesinatos, los investigadores no saben a ciencia cierta qué ocurrió y se barajan diversas hipótesis.





























